Liberalismo

Economía y Mercado-Características del modelo chino (II)-Por EUGENIO XAVIER DE MELLO

Economía y Mercado
Características del modelo chino (II)
EUGENIO XAVIER DE MELLO

China no ha sido nunca ni es actualmente, una democracia representativa. Por el contrario, su forma de gobierno, sin perjuicio de continuar las tradiciones autoritarias de ese país, adquirió a partir de 1949, siguiendo el esquema soviético, los rasgos típicos de los sistemas comunistas del siglo XX, basados en el marxismo leninismo y en el caso de China, también en el pensamiento de Mao Tse Tung.

El régimen tenía componentes políticos y económicos que se presentaban ideológicamente como una unidad. Lo curioso y original es que a partir del año 1978, China fue abandonando los aspectos económicos de esa doctrina y optando cada vez más por un modelo capitalista, pero manteniendo, en líneas generales la organización política del período anterior.

Vale la pena comparar el sistema chino resultante de ese proceso con otros modelos autoritarios que existen o han existido en la época moderna.


MODELOS AUTORITARIOS. En el sistema comunista clásico no había separación de poderes, no se reconocían las libertades básicas ni se realizaban elecciones mediante la competencia libre de diversos partidos y orientaciones. El poder político, ejercido por quienes controlaban al Partido Comunista, se concentraba a menudo y a perpetuidad en un solo hombre, considerado intocable y cuya personalidad era frecuentemente objeto de culto. La ideología oficial era difundida desde los medios de comunicación monopolizados por el Estado e impuesta en la educación, en la cultura y en general en todas las manifestaciones de la vida social. De allí la calificación de ese régimen como totalitario.

El Estado era dueño de los medios de producción y por tanto el único empleador. Las decisiones económicas eran adoptadas en base a la planificación estatal, con limitado y defectuoso funcionamiento de los mercados.

Por su lado el fascismo original, sustentado también en el control de la sociedad por un partido único, presentaba a su modelo económico como una tercera vía frente al capitalismo liberal y al comunismo. Además de no renegar de la expresión "socialismo" (Hitler la mantuvo incluso en el nombre de su partido), promovió el intervencionismo estatal, el dirigismo y el proteccionismo. A diferencia del comunismo, proponía la colaboración entre las clases sociales y no la supresión de las mismas. Sin perjuicio de la nacionalización de algunas industrias, respetaba la iniciativa privada, aunque sólo en la medida en que no estuviera en colisión con los intereses del gobierno.

El fascismo ha sido descrito por los autores marxistas como una reacción violenta de la clase dominante de los países capitalistas para defender el modo de producción vigente. Desde la vertiente anarquista, Luce Fabbri lo caracterizaba como la defensa armada de los privilegios de una clase.

Con el tiempo, muchos pasaron a adjetivar como fascistas a todas las dictaduras implantadas en los países capitalistas, sin importar que su programa económico fuera estatista y dirigista o liberal. Fue en base a esa concepción ampliada que se calificó como fascistas, entre otras, a las dictaduras de Videla y Pinochet.

La diferencia esencial era la de que mientras en el comunismo el Estado se hace dueño de todos los medios de producción y establece una economía centralizada y planificada, tendiente en teoría a crear una sociedad igualitaria, el fascismo clásico, pese a ser estatista y dirigista, mantenía un importante sector privado y, al menos desde el punto de vista marxista, respondía a los intereses de dicho sector.

Por su parte, el "cesarismo" es un sistema de gobierno en el cual el poder reposa en un jefe militar y político que pretende gobernar por encima de los intereses sectoriales. El "bonapartismo", pese a que pretende contemplar a todas las clases sociales y en especial a los sectores medios o populares, fue considerado por Gramsci y también por Trotsky como la manifestación burguesa del cesarismo. En Latinoamérica, Laureano Vallenilla Lanz propuso en 1919 la idea de un "cesarismo democrático".

No siendo posible calificar a China como una democracia, ¿se la deberá ubicar dentro de alguna de las modalidades de autocracia política mencionadas?

EL CASO CHINO. Aunque con fuerte presencia del sector estatal, asociado a veces al capital extranjero, China tiene hoy una economía de mercado pura y simple. Pese a eso, el modelo es denominado por el gobierno chino como "socialismo con características chinas" o "economía socialista de mercado", calificaciones que no logran encubrir lo esencial: que el sistema chino no es ya un sistema socialista ni mucho menos comunista, al menos en sus fundamentos económicos y sociales. China es además el primer receptor mundial de inversión extranjera directa.

Sin embargo, ha mantenido el formato típico de organización del gobierno y del partido de los regímenes comunistas. La utilización de la terminología y los símbolos comunistas no es sólo fruto de la inercia sino que cumple la función de asegurar la legitimidad histórica del régimen y de dificultar el eventual surgimiento de una oposición de izquierda.

Hay quienes sostienen que el notable desarrollo reciente de China no se debe a la aplicación de políticas liberales sino a que se apoyó en las políticas socialistas anteriores. Se señala que una parte importante de la producción de China, sobre todo en los sectores fundamentales, es generada por empresas públicas; que en sus etapas iniciales el modelo chino actual se basó en políticas proteccionistas que sólo cedieron posteriormente sobre todo a partir de la integración a la Organización Mundial del Comercio, etc., etc.

Pero aunque haya en ello algo de cierto, nadie puede negar que China es un país predominantemente capitalista, con enormes desigualdades sociales.

No hay en la China de hoy otro comunismo que el de las denominaciones y las banderas. Sostener que se trata de un régimen comunista implicaría dar preeminencia a los formal y especialmente a lo simbólico por sobre lo real.

No cabe admitir tampoco que se lo denomine como socialista, caso en el cual se daría la paradoja de que estaríamos frente a una economía social demócrata pero sin democracia.

Es verdad que con la receta aplicada, China ha podido reducir sustancialmente la pobreza. Pero salvando las grandes diferencias existentes, que sería injusto soslayar, también el régimen nazi se basaba en un partido autodenominado como socialista que sacó de la pobreza (entre 1933 y 1939) a porcentajes importantes de la población, sin que a nadie se le ocurriera calificar las políticas que llevaron a ese resultado como de izquierda.

Para quienes todo régimen totalitario capitalista es fascista, también lo será el régimen chino, más allá de que se autocalifique como socialista. Con más razón lo será para los que califican a cualquier dictadura capitalista como fascista. No es esa sin embargo nuestra opinión. En efecto, siempre nos ha parecido equivocado el uso abusivo y fuera de contexto que se hace de la expresión "fascista".

UN MODELO ORIGINAL. A diferencia de Venezuela, que según Chávez se encuentra recorriendo el camino desde el capitalismo hacia lo que denomina "socialismo del siglo XXI", China está yendo desde el "socialismo real" del siglo XX hacia el capitalismo pragmático del siglo XXI, lo que constituye una experiencia histórica inédita. Se trata de un régimen de fuerza capitalista, pero de nuevo cuño y con formulaciones originales.

Debe tenerse presente que China, además de poseer una sólida institucionalidad, es una potencia cordial, sin pretensiones hegemónicas, que viene desarrollando relaciones constructivas con los demás Estados en el plano de la política internacional (aunque en el aspecto económico se la haya acusado de aplicar prácticas desleales tales como el dumping social, ambiental y cambiario, de no respetar la propiedad intelectual, etc.).

La forma en que China ha ido abandonando el modelo económico comunista demostró ser altamente eficiente, pero ello no puede hacernos olvidar que ese resultado se logró con sacrificio de personas y de valores. El proceso chino sólo terminará de legitimarse históricamente cuando sobre la base de los logros materiales y culturales alcanzados, ese país realice una transformación política que permita a sus habitantes elegir democráticamente a sus autoridades y vivir en un régimen de libertad.

Fuente:EL PAÍS, de Montevideo.

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