Liberalismo

Caso WikiLeaks-El ex hacker que confía en los diarios-POR GABRIEL PEREYRA

COLUMNA
El ex hacker que confía en los diarios
POR GABRIEL PEREYRA
   
Ulian Assange, ex hacker y líder del sitio-organización WikiLeaks, que viene divulgando documentos secretos de EEUU (también lo hizo con otras naciones y con grandes corporaciones) ha sido más de una vez muy duro con los medios de comunicación. Ha dicho que WikiLeaks reveló más secretos que el resto de la prensa mundial. “Es vergonzoso”, dijo; y lo es. Pero la última gran acción de WikiLeaks –la divulgación de más de 250 mil archivos con detalles de las movidas diplomáticas de EEUU en todo el planeta– tuvo como protagonistas ineludibles a algunos de los medios de comunicación más importantes, serios e independientes del mundo. Luego que algún arrepentido entregó la información a WikiLeaks –porque con sus expertos en encriptación estos nuevos Robin Hood de la red le aseguran extrema confidencialidad– ¿qué hizo la organización a la que algunos de sus fanáticos ensalzan como una alternativa a los medios tradicionales?: fue y entregó toda la información a los diarios The New York Times, The Guardian, Le Monde, El País de Madrid y la revista Der Spiegel, medios tan identificados con el establishment que más de un ex colega hacker de Assange lo acusará de traidor. Pero los muchachos de WikiLeaks parecen haber reconocido que una cosa es acceder a información de alta sensibilidad (en lo cual parecen ser los líderes del momento) , y que otra cosa es decidir qué y cómo divulgarla para que sus fines altruistas no terminen siendo un tiro por la culata, o sencillamente un tiro en la nuca de alguna persona que se vea afectada por la información develada. Por eso accedió a que estos diarios –con sus fuentes y con el criterio profesional que los hizo prestigiosos por defender el interés público sin afectar principios vitales– decidieran no solo qué se publicaría sino, lo cual es casi igual de importante, qué cosas no. La mayor filtración de información de la historia –con su aura de espionaje, piratería cibernética y vientos de intangibilidad– terminó por legitimarse una vez que pasó por el filtro de una disciplina que, lejos de languidecer, se hace cada vez más necesaria: el periodismo.

(gpereyra@observador.com)


Fuente:EL OBSERVADOR, de Montevideo.


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