Liberalismo

URUGUAY-POLÍTICA-Los tres proyectos de la izquierda-

OPINIÓN
Los tres proyectos de la izquierda
Es demasiado para cualquiera; en política se espera que te ataquen los adversarios, no los que se supone que son tus compañeros
POR LINCOLN R. MAIZTEGUI CASAS
   
La izquierda nacional anda a la greña, como dicen en España. Ya no se trata solamente de la conflictividad producida por el enfrentamiento entre sindicalistas del PIT-CNT (cuyos dirigentes son todos, sin excepción, votantes del Frente Amplio, aunque el señor Luis Romero, director de Trabajo, se empeñe en decir otra cosa) y la administración que preside José Mujica; también en el propio vientre de la coalición que aspira a nuclear a todos los “progresistas” del país las relaciones distan de pasar por el mejor momento. La negativa de tres senadores –Rodolfo Nin Novoa, Jorge Saravia y Eleuterio Fernández Huidobro- a votar una disposición supuestamente interpretativa de la ley de Caducidad, que por el momento ha hecho naufragar la iniciativa, y el pasaje del Dr. Gonzalo Fernández al Tribunal de Disciplina, pese a existir un acuerdo previo de no hacerlo, son apenas la punta del iceberg; las disidencias son múltiples y muy profundas, tienen que ver con la conducción económica del país, con el respeto por la legalidad vigente y con los caminos que hay que recorrer en los próximos tiempos; todos temas sustantivos. Da la impresión que la vieja solidaridad frenteamplista, esa conciencia común de constituir la fuerza que poseía la llave del futuro, pertenece al pasado. En realidad, la tan mentada unidad nunca existió; estuve dentro de la coalición, de manera que sé de lo que estoy hablando. El propio carácter híbrido de la estructura frenteamplista, a medio camino entre movimiento y coalición, hace inevitables estas disputas. Pero antes se discutían las cosas de puertas adentro, todos cedían un poco y se arribaba a ciertos consensos, lo que hoy no está sucediendo. Por supuesto, no me alegro de que sea así; el Frente Amplio tiene hoy la mayoría del gobierno nacional, y de que le vaya bien depende la suerte de todos nosotros. Soy totalmente sincero cuando digo que desearía de todo corazón que hicieran un gran gobierno, que mucha falta le hace a este país. Tal vez algún político de otras tiendas, con legítimas ambiciones, no les desee tanta suerte; pero yo no estoy en esa, ni por edad, ni por convicción, y lo que quiero es vivir lo más tranquilo posible los años que me quedan; por eso, les deseo toda la suerte del mundo. Lo que pasa es que tampoco me sorprendo. Porque este Frente Amplio del 2010 tiene en común, con el que el general Seregni lideraba en 1971, tan solo el nombre. En aquel entonces, el inolvidable Titito Heber llamaba a la flamante asociación política “colcha de retazos”, porque decía no entender que socialistas, comunistas, democristianos, blancos y colorados pudieran actuar juntos. No tenía razón; aquel Frente no era ninguna “colcha de retazos”; era un acuerdo en torno a un programa, o sea, cada uno de los grupos que lo componían renunciaba a parte de sus objetivos políticos para conformarse con lograr otros menores y comunes, precisamente los señalados en el programa que todos habían signado. Hoy las cosas no son así, de ninguna manera. Más allá de que, formalmente, exista un programa de gobierno, coexisten en el Frente al menos tres visiones distintas, y a veces antitéticas, del país. Para empezar, están los “reformistas”, aquellos que se inspiran en los modelos socialdemócratas de raíz europea, que han renunciado, si es que alguna vez las alentaron, a toda veleidad revolucionaria; luego, están los socialistas, los que pretenden la transformación profunda de las estructuras eludiendo toda tentación totalitaria. Y por último, se encuentran los admiradores de la dictadura cubana, los que, aun sin pretender –porque hay que suponerlos demasiado realistas para ello– aplicar entre nosotros un modelo similar a aquel, se inspiran en el mismo y sueñan con la estatización de todos los medios de producción. No quiero mencionar a ningún partido, porque todos sabemos cuáles son los que abogan por uno y otro modelo. De esa forma, y pasados los primeros cinco años de gobierno (entre la novedad y lo mucho que había por hacer fue posible eludir las definiciones más controvertidas), aparecen las contradicciones en llaga viva. No pretendo hacer predicciones; una de las cosas que me ha enseñado la vida es a no hacerlas, porque nunca, o casi nunca, se cumplen. Pero entra dentro de lo posible que el Frente no pueda mantenerse unido más allá de un cierto período. Después de todo, los partidos existen para obtener lo que se proponen, y en este caso, los objetivos que tienen todos los sectores integrados al Frente Amplio son muy dispares. La hora de las definiciones, sin duda, llegará, y por lo visto, antes de lo que muchos esperaban.
linmaica@hotmail.com


Fuente:EL OBSERVADOR, de Montevideo.


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