Liberalismo

Uruguay-Gobierno de Mujica-Del dicho al hecho-Por Luís Alberto Lacalle

Del dicho al hecho
Luís Alberto Lacalle

A los pocos meses de iniciarse el actual período de gobierno, los periodistas, siempre ávidos de novedades, nos pedían una evaluación del gobierno del Presidente Mujica. Contestábamos siempre que un primer balance solo podría hacerse a partir de dos episodios constitucionales relativos a la gestión del primer mandatario: la presentación del presupuesto nacional, justamente señalado como el plan de gobierno para los 5 años de cada administración y el mensaje que el propio Presidente presentará ante a la Asamblea General el 1º de marzo próximo, dando su versión de lo realizado en el primer año.

Tenemos por ahora el presupuesto nacional como única referencia para efectuar lo que tantas veces se nos solicitara por la prensa. Lo haremos a la luz de otro episodio como fue el discurso del Presidente cuando asumió. No tiene el mandatario que estrena período obligación de decir más ni menos, pero indudablemente que ella es la oportunidad para bosquejar las grandes líneas que pretende imponer a su gestión. Tenemos pues, la gestión bosquejada, ideada al inicio y el primer acto concreto, presentado por escrito con metas, con cifras de ingresos y egresos, y toda la frondosa ramazón de un presupuesto nacional.

El discurso del Presidente Mujica fue muy bueno. Transgresor como le gusta al propio personaje, audaz, empírico y valiente. Como dicen los paisanos "cortó grueso", atreviéndose a ingresar en temas delicados. Comentaremos los principales párrafos y los compararemos con lo que muestra la ya hoy ley presupuestal.

Con claridad señalaba el Presidente: "Por su parte el Frente Amplio, eterno desafiante y ahora transitorio campeón, tuvo que aceptar duras lecciones, no ya de los votantes sino de la realidad. Descubrimos que gobernar era bastante más difícil de lo que pensábamos, que los recursos fiscales son finitos y las demandas sociales infinitas, que la burocracia tiene vida propia, que la macroeconomía tiene reglas ingratas pero obligatorias. Las circunstancias en que se desarrolló el gobierno del Dr. Vázquez y las que rodean a este, son de una prosperidad sin antecedentes en los últimos 50 años de vida del país, con exportaciones que han crecido este año respecto del anterior en 5.000 millones de dólares, con un "espacio fiscal" de mil millones de dólares. O sea que si bien siguen siendo infinitas las demandas sociales, este gobierno puede darse el lujo de gastar -como lo va hacer - todo lo que venga de más gracias a la prosperidad que nos viene de fuera.

Señalaba el presidente : "Pero lo que probablemente nadie pueda contestar con facilidad es ¿a qué cosas vamos a renunciar para darle recursos a la educación? ¿Qué proyectos vamos a postergar, que retribuciones vamos a negar, qué obras dejaran de hacerse?, ¿con cuántos NO habrá que pagar el gran SI a la educación?". Los recursos destinados a la educación son importantes y así nos apresuramos a consignarlo. Pero también es cierto que ante los reclamos del Poder Judicial se recurrió al recorte de las muy magras sumas destinadas por el presupuesto a obras públicas. Pudo haberse optado por disminuir la enorme suma que se destina -por ejemplo- a cargos de confianza. Señalaba certeramente el Presidente: "La seguridad ciudadana es el último tema que estamos proponiendo abordar, de inmediato, en régimen de políticas de Estado y desde el sistema político tenemos que responder sin demora y a fondo". Pues lo cierto es que se ha demorado ya nueve meses y no hay apoyo del Frente Amplio para nuestros proyectos tendientes a combatir la delincuencia juvenil y a la vez rehabilitar a los menores porque no se atreven a ir a fondo en el problema. Capítulo aparte merece el párrafo en que el Sr. Mujica dice: "Una macroeconomía prolija es un pre requisito para todo lo demás. Seremos serios en la administración del gasto, serios en el manejo de los déficit, serios en la política monetaria y más que serios, perros (sic), en la vigilancia del sistema financiero". Si estos conceptos se comparan con los 300 millones de dólares que agobian el presupuesto a cuenta de nuevos cargos de confianza, creación de cargos y partidas para adscriptos a los ministros y demás, se añora el tan criticado concepto de la motosierra para cortar el gasto.

En medio de toda esta danza de millones de repartos de sueldos enormes para los nuevos jerarcas, suena hueca la expresión presidencial de "no quiero olvidarme de nuestros pobres de uniforme, las fuerzas armadas, van a ser parte del plan de emergencia habitacional … una Patria de todos incluye a estos soldados". Lo cierto es que todo lo que se dio a la policía se negó a las FFAA en las que seguirá siendo el soldado el que reciba el 60% del salario de un guardia civil, se niega aumento a los jefes y oficiales, solo se le habilita una hipotética posibilidad en la medida en que generen vacantes. ¿Solo el inciso de defensa debe ponerse a dieta para lograr la salud salarial? Qué decir de una administración central que gastará grandes sumas en reparto de cargos en cuanto rincón del territorio o de la administración se pueda imaginar, para formar parte de un formidable aparato político destinado a perpetuar en el poder a las actuales fuerzas políticas.

Era mejor suprimir las dos franjas más bajas del IRPF, aliviar los costos del trabajo para que haya más y mejor empleo, pero se optó por un Estado gordo y pesado que pagarán los contribuyentes y muy especialmente los trabajadores. Queda una muy lejana y difícil esperanza, que reaparezca el Presidente Mujica del primero de marzo y que, veto mediante, habilite futuras rebajas tributarias y una mayor equidad salarial. Esperamos con poca esperanza, pero esperamos …

El País Digital

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