Liberalismo

Uruguay-Gobierno de Mujica-PRESUPUESTO-Que espere Florentino

Editorial
Que espere Florentino
Ejercer la autoridad no significa autoritarismo. El autoritarismo es la deformación perversa de la autoridad, es la consagración del exceso como forma de actuar, es el atajo fácil y peligroso para la arbitrariedad, es la búsqueda del culto a la personalidad y un paso fundamental para arrasar instituciones.

La autoridad, en cambio, es una consecuencia lógica del sistema democrático. Es la acción de aquel que ha sido elegido por el pueblo -por sus ideas, por sus condiciones, por su capacidad- para mandar y marcar el camino. Nadie puede concebir el normal funcionamiento de una sociedad o de una nación, sin alguien que tenga la voz de mando. Para ordenar, coordinar, impulsar y llevar adelante a ese conjunto que lo ungió como su Primer Mandatario. ¿Puede pensarse en un país donde cada uno hace lo que le parece y nadie manda, nadie ejerce autoridad alguna? ¿Qué destino tendrá? La más terrible anarquía, sin lugar a dudas.

El ejercicio de la autoridad en una democracia es esencial. Aunque ello tiene sus costos, que nunca serán tan grandes como el de no ejercerla. Y tal vez en este punto es donde la presidencia de José Mujica ha empezado a hacer agua. Puede ser que "sea muy fácil hacerle huelgas a un gobierno de izquierda", pero no debe olvidar que todo tiene sus límites y que es el Presidente de todos. Que la sociedad no puede vivir como rehén de las exigencias o caprichos de los sindicatos y menos aplazarse la toma de decisiones en otras áreas más sensibles que las de una temporada de paros.

Algo de eso quedó expuesto en la última encuesta de Cifra difundida por Teledoce. El presidente Mujica mantiene una popularidad admirable (67%) y también es muy buena la aprobación de su gestión (58%), pero en este rubro hay una señal de alarma: pese a lo alto de su calificación, hay una caída del 8% respecto a la medición anterior, porque la gente percibe que el gobierno hace poco.

Hace poco, muy poco, en materia de seguridad pública. Tras nueve meses de gobierno, a los que habría que sumar tres meses de planificación previos a la asunción de Mujica y la continuidad de la administración del mismo Partido, no se observa ningún progreso, ningún cambio, ninguna perspectiva de mejora en esta materia. Los días se suman y con mayor velocidad se suma la inseguridad, la multiplicación y la insolencia delictiva, ante la candorosa pasividad del gobierno. La conclusión de Cifra es muy clara: "desde la perspectiva de la población, el presidente Mujica no ha logrado solucionar el problema que ya se arrastra desde el gobierno anterior, la inseguridad. Y tampoco hay una o dos áreas clave en las cuales la gente perciba que se está avanzando. Entonces, el debe es visible y consensuado; el haber no es tan visible".

Es decir, la gente no ve algo concreto que sea obra del gobierno, lo cual es lógico porque los proyectos y los sueños no se contabilizan. Pero si sufre la pesadilla de la inseguridad. Parecería que no hay compromiso de plantar lucha, como tampoco de frenar la algarada presupuestal. Con el agua al cuello paró el tema de Aduanas que bloqueaba el movimiento comercial con el exterior y prohibió las ocupaciones de oficinas públicas. Pero por el resto del desbarajuste ni se inmutó. Quedó en el aire que, con prudencia, con mesura y con respeto republicanos, podía haber hecho sentir de manera más clara su autoridad presidencial, sin necesidad de autoritarismos. El Presidente de la República no puede renegar de ella; es un derecho y una obligación que su cargo impone.

Preocupa también la percepción ciudadana -que compartimos- de que hay muy poco o nada en el "haber" de este gobierno. La discusión y las críticas deberían pasar por ello y no concentrarse en la inacción o la parálisis. Porque mientras esto ocurre hay -entre otras cosas- 88 millones de dólares trancados en el clearing, el plan Ceibal se desmorona sin alternativas, la inseguridad no tomó nota de que éste es un gobierno de izquierda y hay 400 pacientes en lista de espera en el Hospital Maciel y otros en el Pereira Rossell para ser sometidos a intervenciones quirúrgicas.

Como simples ejemplos no son muchos, pero tampoco son pocos y no pueden esperar. Florentino Pérez sí puede esperar.

El País Digital

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