Liberalismo

RECORTES DE HISTORIA Un fanático de la libertad Hoy > Eusebio Valdenegro

RECORTES DE HISTORIA
Un fanático de la libertad
Hoy > Eusebio Valdenegro
   
En el Uruguay, algunos de los primeros poetas de la patria fueron también soldados. El más atractivo de ellos fue sin duda Eusebio Valdenegro, revolucionario de mayo de 1810, combatiente artiguista, conspirador perpetuo, romántico “avant la lettre”. Y poeta, desde luego. Sus versos insuflados de patriotismo eran recibidos con vítores y vivas por sus compañeros de lucha. Improvisador de notable habilidad, fue uno de los fundadores del género payadoresco; pero se sabe que componía además poemas en octavas reales, la más compleja forma de versificación de la lengua castellana. Un insigne investigador extranjero –el alemán Juan Alejandro Apolant- nos dejó la única biografía que de él existe. De ella hemos extraído, básicamente, la siguiente crónica.
“Arrobaba con su elocuencia”. Eusebio Ramón José Valdenegro y Leal nació el 21 de agosto de 1781, en el arroyo Colorado, en una chacra propiedad de su abuela materna, y fue bautizado en Guadalupe (Canelones) el día 31. Sus padres, José Antonio Valdenegro y Francisca Xaviera Leal, tenían cierta prosapia, pero muy pocos recursos; vivieron alternativamente en la chacra de la madre de ella y en la ciudad, en una suerte de conventillo que compartían con nueve familias. Tuvieron ocho hijos, pero sólo tres alcanzaron la edad adulta: Eusebio, Valentín (que nació en 1789) y Josefa (1783).

Eusebio apenas tuvo educación formal, pero de adulto llegó a poseer niveles de cultura apreciables, lo que se aprecia en sus cartas, sus discursos y los escasos poemas que han llegado a nosotros. Era, sin embargo, lo más opuesto que pueda concebirse a un intelectual. El memorialista Ramón de Cáceres lo describía así: “Valdenegro (buen poeta, tenía bonita figura) arrobaba con su elocuencia y persuasiva (...) Fue un calavera perdido, un gaucho jugador y peleador que vivía ejercitando su oficio entre las vaquerías. De allí lo sacó Artigas y lo hizo sargento de blandengues (...). Desde que entró en carrera abandonó sus costumbres; como hombre civilizado y culto ha lucido en Buenos Aires y en Estados Unidos, en donde murió de enfermedad”. Apolant afirma que Ramón de Cáceres no pudo haber conocido a Valdenegro más que de manera muy superficial, ya que era mucho más joven; por lo que no es extrañó que esta semblanza contenga errores. Pero la descripción de su personalidad parece singularmente acertada.

Turbulencias. En efecto, Valdenegro era apuesto y seductor; medía apenas 1.68, tenía ojos pardos y expresivos, cabello castaño, nariz afilada, tez morena y buena figura. Es de suponer que, además del don de la palabra, debía cantar muy aceptablemente, y tocar la guitarra. Y en efecto, tuvo una juventud turbulenta. En 1804, cuando era soldado en un batallón de infantería, hirió gravemente con un hacha a un individuo que le había prestado dinero y le había exigido, como prenda, el depósito de su sable. Fue encarcelado durante nueve meses, en la prisión de la Ciudadela. Puesto en libertad en 1805, se le condenó a destierro, a no menos de 56 kilómetros de Montevideo.

El expediente del caso deja pocas dudas respecto al tipo de persona que por entonces era Eusebio; el propio sargento de su compañía lo definió como pendenciero, jugador y tramposo, afecto a pedir dinero y no devolverlo y a rodearse de personajes de mala catadura, en el “Café de Pepe el catalán”, situado en la Aguada (extramuros). Al producirse la invasión inglesa de 1807 Eusebio se alistó en el cuerpo de húsares organizado por el francés Hipólito Mordeille (que moriría combatiendo en la defensa de Montevideo) y comenzó a adquirir fama de soldado valiente y efectivo. Fue herido y aprisionado por los hombres de Auchmuty, pero logró escapar y se las ingenió para llegar a Buenos Aires, junto a 13 compañeros. Liniers lo ascendió a sargento y le hizo pagar los haberes atrasados.

Regresó a la Banda Oriental con las tropas que comandaba el coronel Francisco Xavier de Elío y participó en el combate de éste contra el inglés Pack. Se radicó luego en Buenos Aires, y entró a servir en el regimiento de húsares que comandaba Domingo French, con el cual anudó una amistad que duraría toda la vida. Tomó parte en los incidentes del 25 de mayo de 1810, como parte de la “legión infernal” que dirigían French y Beruti, y fue uno de los firmantes del documento conocido como “Petición del Pueblo”, por el que se exigió al cabildo porteño la designación de la Junta de Mayo. En su tan discutido “Plan de Operaciones” Mariano Moreno parece congratularse de haber atraído a su causa “a un Valdenegro, a un Baltasar Vargas, o a los hermanos y primos de Artigas, a un Benavídez, a un Vázquez de San José y a un Baltasar Ojeda, sujetos que, por lo conocido de sus vicios, son capaces de todo, que es lo que conviene en las circunstancias”.

Con y contra Artigas. La caída de Mariano Moreno trajo consigo la de French, que fue desterrado a la Patagonia; Valdenegro permaneció en Buenos Aires, volvió a su patria con las tropas de Rondeau y fue destinado a servir bajo las órdenes de Artigas. Luchó en Las Piedras, y finalizada la batalla tuvo un gesto de caudillo: un grupo de españoles se había refugiado en la iglesia de la ciudad y se negaba a rendirse. Eusebio, impertérrito, hizo colocar dos cuñetes de pólvora bajo el pórtico y extendió el reguero hasta la plaza, visible para los resistentes. Levantó una mecha y la arrimó al explosivo: la rendición fue inmediata. Se le supone redactor del parte de la batalla, y quien lo llevó a Buenos Aires.

En aquel tiempo su identificación con Artigas parecía no tener fisuras; marchó en la Redota, destacándose en el combate contra los portugueses, y en febrero de 1812 el diario bonaerense “El Censor” publicó un “Himno a Artigas” que, según todos los indicios, fue compuesto por Eusebio (“Bravos orientales, himnos entonad/ que Artigas va al templo de la Libertad”). Abruptamente, el 21 de abril, presentó renuncia a su cargo de ayudante mayor y expresó a Artigas su decisión de “no servir más en el ejército del mando de V.S.”; alegaba razones de salud. En junio llegó Sarratea al Ayui y Valdenegro se unió a sus fuerzas.

Las razones de salud alegadas eran reales: en mayo había estado gravemente enfermo, y contrajo enlace “in articulo mortis” con Antonia de Arce. Pero la causa última de su distanciamiento con Artigas quedará por siempre sumida en el misterio.

Regresó a Buenos Aires con Sarratea, y en enero de 1814 fue designado comandante del regimiento Guardia Nacional de Caballería. Como tal se integró al segundo sitio de Montevideo con las fuerzas de Alvear. Combatió a los artiguistas en el litoral, derrotó a Blas Basualdo en Pos Pos y Palmar, y Alvear lo designó gobernador de Entre Ríos. Ocupó ese cargo solamente dos meses, pues en marzo de 1815 estaba en Buenos Aires, ascendido a coronel.

El conspirador. Seguramente instigado por French, se comprometió en una conspiración contra Alvear que fue descubierta. Destituido y puesto en prisión, salvó la vida de milagro y terminó bajo las órdenes del coronel Ignacio Álvarez Thomas. En opinión de Apolant fue el instigador del motín de Fontezuelas (3 de abril de 1815), que forzó la dimisión de Alvear. De hecho, el manifiesto de los oficiales sublevados tiene como segunda firma la de Eusebio Valdenegro. Entró en Buenos Aires el 17 de abril, al frente de sus tropas. Fue aquel el momento de su breve y fulgurante apogeo.

Pero el permanente conspirador que había en él no pudo quedarse en paz; el 24 de mayo fue detenido y confinado en la costa patagónica, aunque se le conservó el grado militar y el sueldo (que nunca cobró por dificultades financieras). Se marchó de allí en noviembre de 1816 y pidió que se le sometiera a un consejo de guerra; pero al descubrirse que estaba conspirando nuevamente, esta vez contra el nuevo Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, fue detenido, engrillado y embarcado el 8 de marzo de 1817, junto a French. Chiclana y otros compinches, en el barco “Hero”, rumbo a los Estados Unidos. No regresaría jamás.
--------------------------
El protagonista
   
Eusebio Valdenegro y Leal, poeta, payador y soldado de la libertad cuya encendida biografía no merece el olvido en que se encuentra.
---------------------------------------------------------------
La fecha
   
14/2/1818
ese día falleció en Filadelfia, a los 36 años, Eusebio Valdenegro, sin que estén claras las circunstancias de ese prematuro deceso.
-------------------------------------------------------
El misterioso fin: ¿duelo o enfermedad?
   
Valdenegro viajó con su esposa y sus dos hijos pequeños, del cual se retiene sólo el nombre del mayor: Martín. Al parecer, había tenido un hijo natural llamado Eusebio, de su relación con Josefa Ruiz Díaz. Llegaron en mayo y se separaron: Agrelo, Moreno y Pasos se radicaron en Baltimore, donde vivía a la sazón Manuel Dorrego. Chiclana, French y Valdenegro, junto a Manuel Pagola, pasaron a vivir en Filadelfia.
No hay información sobre sus últimos meses de vida, ni sobre las actividades que desarrolló. Por una carta de su esposa, que de regreso a Buenos Aires pidió –y obtuvo– que se le pagaran los haberes devengados por su esposo durante aquellos años, sabemos que la familia pasó por momentos de extremas necesidades. Y por una de Pueyrredón a San Martín, enviada tres meses después de la muerte de Eusebio –que él ignoraba- conocemos su voluntad de regresar. No lo quiso así el Destino, y falleció en Filadelfia el 14 de febrero de 1818.

Tampoco está clara la causa del deceso, a los 36 años; Ramón de Cáceres, como ya se ha señalado, dice que murió de una enfermedad, y otras fuentes afirman que murió en un duelo. Ambas hipótesis son verosímiles; la primera, porque había estado gravemente enfermo varias veces a lo largo de su corta existencia, y la segunda, porque nunca pudo dejar totalmente de lado el perfil pendenciero de su carácter. Su viuda nunca hizo la menor referencia a la causa de la muerte.

Se sabe, por una nota publicada por Domingo French –redactada en inglés– en el periódico Philadelphia Aurora el 17 de febrero, que la amistad entre ambos hombres se mantuvo incólume hasta el último suspiro de Eusebio.

Fue un hombre extraordinario, en sus extremas virtudes y defectos, un vitalista capaz de encantar a todos los que lo rodeaban con sus múltiples talentos, un soldado corajudo y un patriota cabal. La revolución lo regeneró y lo liberó del destino de carne de presidio que parecía acompañarlo en sus verdes años.

Apolant, fascinado por su personalidad, pero de ninguna forma benévolo en sus juicios, dice de él que fue “un hombre de carne y hueso, ningún santo, pero tampoco un traidor. Un personaje de carácter dudoso, sí, pero a la vez de brillantes dones. Probablemente utilitarista, pero indudablemente un fanático de la libertad. Fue más de una vez la levadura que hizo fermentar la masa, pero se limitó a la acción del catalizador, y cumplida la reacción, ya se dedicó a otra tarea”. Recordémoslo, entonces, como esa levadura de patriotismo que provocó el fermento y la expansión de esa libertad que fue su sino y la razón de su vida.
-------------------------


Fuente:EL OBSERVADOR, de Montevideo.


Comentarios

Muy buen trabajo. Me interesó porque estoy buscando información sobre otro personaje de la época, un francés, Mordeille. Este tal Eusebio parece se alistó con él durante las invasiones inglesas. Si tienes idea de como ayudarme para buscar información sobre Mordeille te lo agradezco desde ya que me escribas-

Añadir un Comentario: