Liberalismo

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RECORTES DE HISTORIA
El hombre que fue paréntesis
Hoy > Claudio Williman
POR LINCOLN R. MAIZTEGUI CASAS
   
Hace ahora cien años, el presidente del Uruguay, Claudio Williman, se enfrentaba con gallardía a las pretensiones hegemónicas de la Argentina, expresadas en la “teoría de la costa seca”, del canciller Zeballos. Es muy probable que si no hubiera sido por ese combate, hoy, en el caso de subsistir como nación independiente, no tuviéramos siquiera el derecho de bañarnos en la playa. Y sin embargo, pese a ese y a otros logros, Williman ocupa, en la historiografía, la nada envidiable posición de hombre–paréntesis, de ocupante precario de la poltrona presidencial. Colocado entre las dos presidencias de José Batlle y Ordóñez (1903-1907 y 1911-1915), el Dr. Claudio Williman ha sido considerado un vehículo de circunstancias que sirvió exclusivamente para acatar el precepto constitucional que impide a un ciudadano ejercer durante dos períodos consecutivos la presidencia de la República. Y cuando se evoca algo de su accionar de gobernante, se lo compara, siempre en términos negativos, con el segundo mandato de su sucesor, contraponiendo el reformismo de éste con el presunto tono conservador de su ejercicio.
Todo lo demás queda en la nebulosa: su espléndida actividad docente, su cultura amplísima, su recia personalidad de revolucionario del Quebracho y hasta su carácter de eximio componedor, de nexo de entendimiento entre los hombres, tarea de la que hizo un arte basado en la serenidad de temperamento y el sentido del humor.

El gringo gallego. Claudio Williman nació en Montevideo el 10 de octubre de 1861. Sus padres, José Williman y Antonia González, eran gallegos de pura cepa. ¿De dónde sale entonces el apellido de retintín foráneo? Los padres de José Williman eran naturales de Saboya, en Francia, y de origen alsaciano. En España, incluso, fueron rebautizados como Villamán.

A los 19 años Claudio comenzó su carrera docente en la Sociedad Universitaria, y en 1885 ganó por concurso la cátedra de Física en la Universidad de la República. Hubiera querido estudiar ingeniería, pero por aquel entonces ello era casi imposible en el país, por falta de un centro de estudio especializado. Comenzó, entonces, la carrera de Derecho, pero la abandonó transitoriamente; la política había llamado a su puerta.

Vinculado al Partido Colorado, se sumó en 1886 a la revolución del Quebracho, finalizada en una derrota y en un gesto de magnanimidad de éste que nuestra historia nunca le ha reconocido. Williman retomó de inmediato sus estudios y ese mismo año recibió su título de abogado. Sus compañeros y amigos, muchos de ellos blancos (en un tiempo de radical oposición entre ambos partidos), lo conocían como “el inglés”, y celebraban su bonhomía (que, como suele suceder con los que son “agua mansa”, estallaba a veces en violentas crisis de ira cuando creía ver deshonestidad en su derredor) y su singular inteligencia. En los años inmediatos alternó la labor docente con su actividad política: impulsó la fundación de la Facultad de Matemáticas (1887), de la que fue catedrático honorario, y ejerció el profesorado en la Academia General Militar. En 1889 fue electo edil por Montevideo. En 1891 se le designó Decano de la Facultad de Enseñanza Secundaria y Preparatoria. En 1895 contrajo enlace con Carmen Martínez Santos, y del matrimonio nacieron cuatro hijos: José Claudio, Horacio Alberto, Osvaldo Alfredo y Enrique Guillermo.

Al producirse el golpe de Estado de Juan Lindolfo Cuestas, en 1898, fue miembro del Consejo de Estado. En la guerra civil de 1904 fue jefe del 4º Batallón de Infantería, pese a su notorio rechazo del formalismo militar. Afirma su nieto y biógrafo José Claudio Williman que, en las duras jornadas que siguieron a la derrota de los blancos, puso en juego toda su influencia para moderar y contener la agresividad de algunos de sus correligionarios.

La presidencia. Finalizada la guerra civil, José Batlle y Ordóñez lo designó ministro de Gobierno; ya por entonces era una de las figuras más prestigiosas del coloradismo, y fue sin duda este prestigio lo que decidió al caudillo civil a escogerlo como su candidato sucederle en la presidencia.

El 1 de marzo de 1907 el Dr. Claudio Williman fue electo por el Parlamento presidente de la República (70 votos en 79). José Claudio Williman lo describe así: “de aspecto sajón, delgado y erguido, pareciendo por ello de más altura que la real, de cabellos lacios, finos y rubios, ojos azules claros, con un gesto de seriedad que disimulaba de manera desconcertante su temperamento afectivo, afectuoso y a veces bromista”.

Una de sus primeras medidas fue impulsar una ley (septiembre de 1907) que ampliaba la posibilidad de representación de las minorías; aumentó a 87 el número de diputados, modificó el número de bancas correspondientes a cada departamento y bajó, en siete de ellos el porcentaje de votos que la minoría necesitaba para obtener representación (25% en vez del 30 de la “ley del mal tercio”). El 11 de julio de 1910, y con parte de los blancos en actitud levantisca contra la candidatura de Batlle y Ordóñez, Williman aprobó otra ley electoral que aumentaba a 89 los diputados, prácticamente aseguraba a la minoría representación en todos los departamentos y establecía la constitución de comisiones mixtas que debían controlar la depuración del registro cívico. Pero la mayor innovación de esta ley fue la introducción del llamado “doble voto simultáneo”, primer reconocimiento electoral de la existencia de los partidos políticos. El voto ciudadano se componía a partir de entonces de dos partes: el que se emitía por el partido y, dentro de éste, el que se emitía por el candidato.

Creó dos nuevos ministerios (Instrucción Pública y Obras Públicas), cambió la denominación de otros (el Ministerio del Interior por el de Gobierno, Industria y Trabajo por el de Fomento), instaló la Alta Corte de Justicia (1910, con lo que se consolidaba la separación de poderes), nacionalizó el puerto de Montevideo y la red telegráfica e instaló la red telefónica estatal que competiría con las dos privadas preexistentes.

Los límites. En 1907 naufragó el en Río de la Plata el vapor Constitución, a poco más de dos kilómetros de la costa de Colonia. Cuando un barco oriental llegó para auxiliarlo, la marina argentina lo rechazó violentamente, alegando soberanía sobre esas aguas. El entonces embajador uruguayo en Argentina, Eduardo Acevedo Díaz, presentó una enérgica protesta, y su similar argentino, Estanislao Zeballos, respondió: “La República Oriental no tiene derecho alguno sobre el Río de la Plata. Su dominio sólo se extiende hasta la línea de las más bajas mareas”. Esta actitud extremista se vio reforzada por maniobras militares que una flota argentina realizó frente a Montevideo. Ante estos acontecimientos, Williman reivindicó los derechos orientales sobre sus aguas, citando amplios antecedentes históricos. En octubre de 1909, el ministro uruguayo en Brasil Rufino Domínguez firmó con José María da Silva Paranhos, barón de Río Branco, el Tratado de Rectificación de Límites que establecía el condominio de las aguas del río Yaguarón y la laguna Merín, bajo control de Brasil desde los tratados de 1851. El tratado fue solemnemente ratificado por el Parlamento nacional el 9 de mayo de 1910, y motivo que se pusiera el nombre de Avenida Brasil a una calle de Pocitos y Río Branco a una de las arterias centrales de la capital. Era un aviso a los navegantes: Brasil también jugaba ese partido.
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Una fecha
5/1/1910
Ese día Gonzalo Ramírez y Roque Sáenz Peña firmaron el protocolo que lleva el nombre de ambos y que liquidó la teoría de la “costa seca”.
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El protagonista
   
Claudio Williman, un presidente profundamente reformista que ha sido injustamente menospreciado por la historiografía nacional.
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Las fecundas semillas
   
Por fin, en octubre de 1910 el Dr. Roque Sáenz Peña, presidente electo de Argentina, firmó con Gonzalo Ramírez el llamado Protocolo Ramírez-Sáenz Peña, en el que se expresaba: “La navegación y el uso de las aguas del Río de la Plata continuará sin alteración como hasta el presente, y cualquier diferencia que con tal motivo pudiera surgir, será allanada y resuelta por el mismo espíritu de cordialidad y buena armonía que ha existido siempre entre ambos países”. El clima de entendimiento significó el final del entredicho.
En otro orden de cosas, se profundizó el proceso de laicización al suprimirse la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y se implementó un censo nacional el 12 de octubre 1908 (el primero de ese carácter desde 1860), que reveló que en el país vivían en ese momento 1.042.686 habitantes. Williman cerró su período con un superavit de 8 millones de pesos. Esos recursos fueron empleados en la construcción y refacción de caminos y puentes (en Montevideo se inició la construcción de Bulevar Artigas y de la Rambla).

Desde el punto de vista social, el más conservador de la presidencia de Williman, se combatió enérgicamente la movilización sindical, muy intensa por la emigración anarquista. La huelga del Ferrocarril que estalló en 1908 fue desbaratada con medidas represivas, que incluyeron prohibición de reuniones, clausura de locales sindicales y prisión de algunos dirigentes. Esta represión fue llevada a cabo por el Jefe de Policía de Montevideo, Jorge West, que alcanzó triste notoriedad por la radicalidad de sus métodos. En los aspectos educativos se fundaron 400 nuevas escuelas y se aprobó la Ley Orgánica de la Universidad, que preveía la representación estudiantil en su dirección.

Finalizada su presidencia Williman viajó a Europa y en 1912 ocupó por segunda vez el rectorado de la Universidad (la primera había sido en 1902). Entre 1916 y 1924, bastante alejado de las luchas políticas por su oposición al colegiado que propugnaba Batlle, fue presidente del Directorio del Banco de la República. Falleció en Montevideo el 9 de febrero de 1934, y el país aún le debe el reconocimiento que merecen sus constantes esfuerzos por la paz y su importante obra reformista. Como esas brisas que atraviesan a veces las mañanas soleadas, Claudio Williman pasó por la historia de su patria de forma casi desapercibida, pero regando la tierra de fecundas semillas que florecieron luego en una realidad superior.

Fuente:EL OBSERVADOR, de Montevideo.

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