Liberalismo

HONDURAS-Zelaya, sin ser candidato, el gran perdedor de las elecciones del 29/11/09-

Zelaya, sin ser candidato, el gran perdedor de las elecciones del 29/11/09
Juan Ramón Martínez
En los deportes se ha venido diciendo que lo importante no es ganar, sino que competir. Una suerte de cristiana justificación para los fracasos que son producto, fundamentalmente, de la superioridad de los demás contendores. Por lo que, al final de cuentas, no es cierto que sólo haya que participar en las justas deportivas sin la voluntad de ganar. Quien participa, tiene la obligación de buscar el éxito, por medio de la metódica preparación y por el ejercicio máximo de sus potencialidades y voluntad de ser superior a sus contendientes.

En política, la finalidad es, igualmente, la de ganar, por medio de la conquista de la voluntad de las mayorías. De forma que, al margen de la voluntad y el esfuerzo de los contendientes, quien determina el resultado final, a fin de cuentas, está en manos de la soberanía popular. De allí que en términos objetivos, lo propio de la vida democrática es perder las elecciones, vencidos por la opción mayoritaria de la ciudadanía a favor de los adversarios del o los candidatos perdedores.

Zelaya, sin ser candidato --- y esto tiene mucho que ver con sus irracionales obstinaciones, por participar en un proceso que no era suyo; y en el cual, innecesariamente corrió riesgos que ningún expresidente serio y racional debió asumir nunca jamás – es el gran perdedor de las elecciones del domingo 29 de noviembre recién pasadas. Invitó al abstencionismo como forma de protesta y respaldo a sus pretensiones impolíticas e ilegales; y el pueblo le dio le espalda, concurriendo masivamente, incluso en forma superior al proceso del 2005 en donde él mismo fuera candidato ganador, en forma ajustada de las elecciones celebradas en aquel año.
Descalificó el proceso electoral, al que acusó de ilegal basado en la peregrina justificación que sólo estando en la titularidad del ejecutivo, se legitimaban las elecciones. Una rápida revisión de su comportamiento, mientras estuvo en el ejercicio de la titularidad del ejecutivo, confirma – hasta para el menos informado de los hondureños – que el mayor enemigo de las elecciones fue el propio Zelaya.

Manipuló las internas del Partido Liberal, echó a pelear a los candidatos, exageró los conflictos entre diferentes sectores de la sociedad para crear un clima de inestabilidad, amenazó con un golpe de Estado en la madrugada del 25 de enero del 2009, postergó caprichosamente las elecciones internas del Partido Liberal, pretendió boicotear la Convención de su partido en la que se proclamara a Santos Ordóñez como el candidato de los liberales, promovió en forma irregular un proceso electoral paralelo al animar el proyecto de la “cuarta urna”; y le negó al Tribunal Supremo Electoral el apoyo y los recursos económicos que le correspondían de conformidad a la ley. Con estos antecedentes espurios e incluso criminales, se lanzó a la palestra pública; y cuando se auto asiló en una embajada extranjera en Tegucigalpa, dedicó todo su tiempo a desprestigiar al sistema electoral, a menospreciar a los políticos, a descalificar al sistema democrático y a ofender la soberanía popular.

El pueblo en el ejercicio de su soberanía, castigó a Zelaya. Salió masivamente a votar, respaldó al candidato de la oposición, castigando las faltas, los errores y las maldades de su régimen irregular. Y votó en contra del Partido Liberal – no en contra de su candidato – para castigar una administración errática, irresponsable y corrupta. En fin, el pueblo le dio la espalda a la prédica en contra de la democracia y antes que someterse a la superioridad de los gobernantes que respaldan a Zelaya, rescató para si el orgullo debido y la superioridad de su dignidad.

Castigado como ha sido por el pueblo, rechazado por la comunidad internacional más seria; y convertido en objeto de mofa por la más seria prensa del mundo, Zelaya se ha transformado en el gran perdedor de las elecciones. Incluso lo que parece que es un triunfo suyo en todas las líneas del juego, la derrota de su Partido Liberal, implica un pago altísimo. Porque cargará sobre sus espaldas, el peso de un “muerto”, la injusta conducta en contra de un pueblo que creyó en él; pero que le dio la espalda en las primeras de cambio. Zelaya es el perdedor.
Recibió lo que se merecía. Sirviendo de ejemplo para que los políticos no quieran jugar a ser más listos que el pueblo; ni a creer que se pueden poner al servicio de la comunidad internacional, conspirando en contra de la soberanía nacional y comprometiendo los sagrados intereses de Honduras.
Fuente: Tomado del El Tiempo, de Honduras

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