Liberalismo

EEUUA en Afganistan-Análisis del discurso de Obama

Escrito por rigofa2010 03-12-2009 en General. Comentarios (0)
Estados Unidos
Análisis del discurso de Obama
El presidente de Estados Unidos explicó su plan de envío de soldados a Afganistán. Expertos analizan su discurso.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegó a la escuela militar de West Point en el estado de Nueva York y explicó a cadetes y soldados sus planes de enviar más tropas a Afganistán, como parte de un plan para devolver la paz al pueblo afgano.
Obama explicó que su medida se debía, en parte, a lo sucedido en 2001.
“Nosotros no pedimos esta guerra. El 11 de septiembre de 2001, 19 hombres secuestraron cuatro aviones y los utilizaron para asesinar a casi 3.000 personas. Golpearon nuestros centros neurálgicos militares y nuestra economía. Esto cobró la vida de hombres inocentes, mujeres y niños, sin importar su fe o su raza, o estación. Si no fuera por las acciones heroicas de los pasajeros a bordo de uno de esos vuelos, que también podría haber golpeado a uno de los grandes símbolos de nuestra democracia, en Washington, y mataron a muchos más”, dijo el mandatario.
El mandatario explicó cuándo comenzaría el envío de los soldados y cuál sería la misión de las tropas.
"Los 30.000 soldados adicionales que estoy anunciando esta noche se desplegarán en la primera parte de 2010 - al ritmo más rápido posible - de modo que puedan contener a la insurgencia y asegurar a la población clave. Ellos incrementarán nuestra capacidad para entrenar competentemente a las fuerzas de seguridad afganas y de asociarnos con ellos, para que más afganos puedan entrar en la lucha. Y ellos ayudarán a crear las condiciones para que Estados Unidos pueda transferir la responsabilidad a los afganos", explicó Obama a los presentes.
Obama habló de objetivos militares en la lucha contra la insurgencia y estableció fechas. Según Richard D. Downie, analista militar del Instituto Nacional de Defensa en Washington, el plan de Obama tiene ventajas y desventajas.
“Habló de una fecha de salida, eso tiene una ventaja y es que el gobierno de Afganistán debe apurarse, ellos saben que dentro de un año y medio deben encargarse de todo el esfuerzo. Y deben preparar sus fuerzas. Eso asegura que el gobierno de Afganistán tiene un sentido de urgencia y participación”, dijo Downie a voanoticias.com
Pero este analista también señaló que las desventajas de una fecha podría poner en alerta a la insurgencia.
“Pero la desventaja de una fecha exacta es que el enemigo tiene un tiempo definido para las tropas estadounidense. El sentido de compromiso es temporal y el enemigo sabe que puede esperar hasta que salgamos. Van a tener la oportunidad de prepararse para ese momento”, dijo Downie.
Sin embargo, Jaime Daremblum, analista político del Instituto Hudson considera que el discurso de Obama fue claro y muy preciso.
“El discurso fue extraordinario, desde el punto de vista retórico y desde el punto de vista lógico, todos los objetivos que se plantearon fueron sumamente explicados por el presidente. Lo que se está buscando no es derrotar al talibán, sino crear un espacio que pueda ser mantenido y expandido por fuerzas afganas:, dijo Daremblum a la Voz de América.
Obama, en su discurso, negó los santuarios para el enemigo y según Downie esta fue una sabia decisión.
“La forma más efectiva en contra de la insurgencia es una estrategia en protección del pueblo. El presentó una estrategia basado en la parte militar. El habló de esfuerzos militares contra el talibán y objetivos para preparar las fuerzas afganas”, dijo el analista militar.
Daremblum considera que el fijar fechas de salida tiene su lado positivo. Especialmente en la determinación de Estados Unidos de planificar una salida estratégica. Y en la forma como Obama se mostró ante la nación.
“El presidente señaló una fecha de salida para las tropas. De manera que me pareció en general un discurso, que ni bien es muy riesgoso, porque la guerra en Afganistán carece de popularidad, si me pareció el tipo de discurso que no habíamos oído por un rato de Obama, en el sentido fijar objetivos y fijar fechas y sonar muy resuelto con fortaleza”, señaló Daremblum.
Obama estuvo acompañado de importantes figuras políticas como la Secretaria de Estado, Hillary Clinton. Según Daremblum, la presencia de Clinton solidifica la unidad del partido demócrata.
“Es muy importante porque refleja unidad ante el pueblo americano, pero más en el partido demócrata, porque es en el partido demócrata donde hay la mayor oposición a envío de las tropas a Afganistán”, dijo Daremblum a voanoticias.com.
Pero, ¿qué tan importante fue el discurso? Ambos analistas consideraron que el discurso estuvo cargado de estrategia militar y que mostró a un Obama decidido y comprometido con la lucha en Afganistán.
“Paso la prueba y de sobra”, concluyó Daremblum.
Fuente: voanoticias.com ▪ Español

EEUUA/Afganistan-Hay razones para la desconfianza-Por Thomas Friedman

Escrito por rigofa2010 03-12-2009 en General. Comentarios (0)
Opinión
Hay razones para la desconfianza
Thomas Friedman
The New York Times
Jueves 3 de diciembre de 2009
NUEVA YORK.- Permítanme empezar por el final y después les diré cómo llegué allí: no puedo estar de acuerdo con la decisión del presidente Obama de hacer una escalada en la guerra de Afganistán. Preferiría un enfoque minimalista, trabajar con los líderes tribales tal como hicimos para derrocar al régimen talibán en primer lugar. Teniendo en cuenta nuestra necesidad de apuntalar la construcción nacional en nuestro país en este preciso momento, estoy dispuesto a vivir con un poco menos de seguridad y con un Afganistán un poco menos perfecto.
Reconozco que existen argumentos legítimos en contra. Obama argumentó que optar por un incremento de efectivos ahora para ayudar a los afganos a reconstruir su ejército y su estado hasta lograr instituciones dignas -ganar la lealtad del pueblo afgano- era la única esperanza de crear "un punto de inflexión" para lograr estabilidad a largo plazo en la región. Tal vez sea así. Lo que me hace desconfiar de este plan es la cantidad de partes en juego: los afganos, los paquistaníes y los aliados de la OTAN deberán comportarse de manera muy diferente para que esto funcione. Pero he aquí el contexto más amplio en el que evalúo todo esto: mi propia idea de la política exterior se ha basado, desde el 22 de septiembre, en cuatro columnas fundamentales:
1. Todo lo que he logrado en la vida se debe en gran parte al hecho de que nací en Estados Unidos, en esta época que ofrece estas oportunidades a sus ciudadanos. La obligación primordial de nuestra generación es entregar a nuestros hijos un país similar.
2. Muchas cosas terriblemente malas ocurren en el mundo sin Estados Unidos, pero no demasiadas cosas buenas. Si nos debilitamos y nos hacemos endebles debido a la decadencia económica, como lentamente nos está ocurriendo, Estados Unidos tal vez no sea capaz de desempeñar su histórico rol estabilizador en el mundo. Si a usted no le gustó un mundo en el que Estados Unidos sea demasiado fuerte, verdaderamente le gustará menos un mundo en el que sea demasiado débil? en el que China, Rusia e Irán establezcan más reglas.
3. El contexto en el que la gente vive condiciona todo: desde su perspectiva política hasta su perspectiva religiosa. La razón por la que hay tantas personas frustradas y furiosas en el mundo árabe musulmán, que atacan primero a sus propios gobiernos y luego a nosotros, es el contexto en el que viven, con tres déficits: de libertad, de educación y de poder femenino.
4. Una de las principales razones por las que el mundo árabe musulmán se resistió tanto a las reformas políticas impulsadas internamente es que las enormes reservas petroleras permiten que sus regímenes se instalen permanentemente en el poder con sólo apoderarse de la explotación petrolera y, después, empleando ese dinero para financiar enormes redes de seguridad e inteligencia que aplastan a cualquier movimiento popular. Miren lo que ocurre en Irán.
Así, después del 11 de Septiembre, he abogado por que nuestros políticos tengan el coraje suficiente para aumentar los impuestos del combustible y comprometernos seriamente a desarrollar alternativas del petróleo.
Irak demostró ser pasmosamente costoso y enormemente doloroso. Los errores que cometimos deberían infundirnos mayor humildad. A mí me ha infundido humildad. Convertir ahora a Afganistán en una parte de "la guerra contra el terrorismo" -es decir, en otro proyecto de construcción nacional- no es descabellado. Simplemente es demasiado caro si se compara con nuestra propia necesidad de construcción nacional en Estados Unidos para lograr la fuerza necesaria a fin de desempeñar nuestro rol global más amplio.
De allí surge mi deseo de conservar una presencia limitada en Afganistán. Y ésta es la razón por la que lo creo.
Traducción: Mirta Rosenberg

Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.


Argentina-Hacia el 10 de diciembre-Por Natalio R. Botana

Escrito por rigofa2010 03-12-2009 en General. Comentarios (0)
El tiempo de encarrilar los asuntos públicos
Hacia el 10 de diciembre
Natalio R. Botana
Para LA NACION
Jueves 3 de diciembre de 2009
Aunque la semana próxima asumirán los nuevos legisladores elegidos el 28 de junio, hay pocos indicios de que, a partir de esa fecha, los asuntos públicos se encarrilen con espíritu constructivo. En realidad, las decisiones que ha venido acumulando el Gobierno durante estos meses señalan, más bien, el comienzo de otro capítulo en esta larga secuencia de conflictos.
El encuadre de los conflictos que podrían sobrevenir lo proporciona nuestro régimen presidencial, basado en la separación de poderes. Esto significa que, a diferencia del régimen parlamentario, el Congreso no puede remover al titular del Poder Ejecutivo -salvo por juicio político- ni éste puede disolver el Congreso. Dada esta disposición de los respectivos poderes, si el Poder Ejecutivo no cuenta en el Congreso con las mayorías necesarias, el régimen presidencial queda prisionero de una opción: o el Ejecutivo y el Legislativo cooperan por medio de los acuerdos a que puedan llegar para sancionar las leyes o, de lo contrario, el régimen se empantana y, en última instancia, de persistir los antagonismos, deja de funcionar.
Es posible que, ante esta última hipótesis, la presidencia se haya pertrechado con los instrumentos necesarios para sobrevivir sin necesidad de recurrir al Congreso. Montado sobre las leyes de emergencia prolongadas por dos años hasta el término del actual mandato, éste sería el típico escenario de incompatibilidad entre los dos poderes, a lo que podría sumarse la política de captación de legisladores pertenecientes a provincias asfixiadas por el unitarismo fiscal.
Por otra parte, más allá de las presiones y negociaciones en torno a las autoridades de ambas cámaras y a la titularidad y composición de las comisiones, el Congreso debería actuar con premura sobre el flanco de las reformas legislativas que fueron propuestas por los candidatos victoriosos en la campaña electoral previa al 28 de junio. Convendría que el Congreso haga esta tarea con el máximo de eficacia, pues sobre él pende la espada de Damocles del veto total o parcial de las leyes. Establecida en el artículo 83 de la Constitución, esta es un arma poderosa en manos del Poder Ejecutivo, porque obliga al Congreso a insistir, para que el proyecto de ley se apruebe, con una mayoría de dos tercios de cada cámara.
Difícil situación: quizá sea la facultad del veto el atributo más contundente para hacer valer el predominio del Ejecutivo frente a un Congreso opositor. Se lo ha empleado mucho -no sólo en la Argentina-, hasta el punto de que un presidente como Franklin Delano Roosevelt, en los Estados Unidos, hizo uso del veto en 631 ocasiones durante doce años de gobierno, con el resultado de que en apenas una decena de veces pudo prevalecer, mediante la correspondiente mayoría calificada, el temperamento del Congreso.
¿Qué hacer entonces, se preguntarán con razón algunas voces escépticas, ante estas arremetidas? Quedan, por cierto, varios caminos, porque en democracia nada está perdido de antemano. Por lo pronto, para sortear el obstáculo de la inacción a que podría someterlo el Ejecutivo, el Congreso tiene facultades para prorrogar sus sesiones ordinarias por el artículo 63 de la Constitución, lo cual lo habilitaría a sesionar aun en desacuerdo con las intenciones del Ejecutivo. Esta decisión mayoritaria, en el caso de obtenerse, daría mayor protagonismo al cuerpo representativo y, al mismo tiempo, permitiría mostrar a la sociedad el valor que adquiere una nueva política legislativa.
Si este curso de acción no fuese posible, se abriría el panorama de un intervalo estival hasta marzo, momento en el cual las oposiciones tendrán que elegir el mejor camino para contrarrestar el dominio del Ejecutivo. La reforma de 1994 abre, al respecto, dos caminos diferentes. El primero es la tormentosa ruta del plebiscito. En el artículo 40, la Constitución determina: "El Congreso, a iniciativa de la Cámara de Diputados, podrá someter a consulta popular un proyecto de ley". Esa convocatoria no "podrá ser vetada" y el "voto afirmativo del proyecto por el pueblo de la Nación lo convertirá en ley y su promulgación será automática".
El artículo 40 y su ley reglamentaria, que exige una participación electoral del 35% del padrón para hacer efectivo ese procedimiento, llevan implícito en las actuales circunstancias un choque entre dos fuerzas. Si bien la Constitución habla de consulta popular vinculante, la polarización que hoy impera en el país la envolvería con el tono propio de un plebiscito. Debido a que no habría cooperación entre el Congreso y el Ejecutivo, la salida plebiscitaria, el expediente más abrupto, estaría inmersa en la dialéctica de una elección binaria, por la afirmativa o por la negativa. Imaginemos, en esta atmósfera malsana de violencias verbales y confrontaciones callejeras, una escena semejante con todo el aparato de propaganda del Gobierno aplicado en son de guerra a una mayoría legislativa que, obviamente, carecería en los hechos de recursos comparables.
Es un riesgo indudable que la propia Constitución atempera al proponer a los legisladores, en el artículo 101, un camino alternativo de corte parlamentario. Esta suerte de fusible introduce, en el esquema rígido del régimen presidencial, la norma flexible del voto de confianza gracias al cual el jefe del Gabinete de Ministros puede ser interpelado "a los efectos del tratamiento de una moción de censura, por el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cualquiera de las Cámaras, y ser removido por el voto de la mayoría absoluta de los miembros de cada una de las Cámaras".
Dos caminos, pues, y un desafío a la inteligencia práctica para sortear el obstáculo de un gobierno dividido entre un Ejecutivo empecinado y un Congreso que debe hacer de la necesidad virtud. El camino plebiscitario, más que eso, es un desfiladero. Quienes lo transitan sueñan la gloria del triunfo y suelen despertarse con la realidad impiadosa de una derrota. Kirchner pretendió transformar los comicios del 28 de junio en una ratificación plebiscitaria apoyada en las llamadas candidaturas testimoniales. Así le fue.
El camino parlamentario, a primera vista más racional, demanda, en cambio, un esfuerzo para fusionar, en un mismo estilo legislativo, el respeto a la legalidad con el sentido del compromiso. Las lecciones de la política comparada nos muestran que los grados de compromiso entre legisladores son variables. Como ocurrió en muchos regímenes parlamentarios europeos, se pueden armar coaliciones negativas con el mero objeto de derrocar a un jefe de gobierno o primer ministro. El precio que se paga es el de la inestabilidad.
El pasaje de una forma de coalición negativa a otra de carácter constructivo requiere entonces poner en juego cualidades complementarias. Entre ellas, la más importante tal vez sea prefigurar, por medio de proyectos compartidos, el perfil del nuevo gobierno que debería suceder a la etapa que arrancó en 2003.
¿Será esto acaso posible? Se podrá remover a un jefe de Gabinete; se podrá, estirando los antagonismos al extremo, prevalecer en un plebiscito, pero mientras las oposiciones no den muestras de lo que efectivamente puedan hacer en conjunto, la maquinaria de la hegemonía seguirá avanzando o cavando con prontitud trincheras defensivas. En todo caso, seguiríamos empantanados, como si el futuro se nos escapara de las manos.
© LA NACION

Marenales: ¿qué es el MPP?-Editorial-EL PAÍS, de Montevideo.

Escrito por rigofa2010 03-12-2009 en General. Comentarios (0)
Editorial
Marenales: ¿qué es el MPP?
El dirigente tupamaro Julio Marenales le exigirá a su sector, el MPP, que defina a qué clase social representa. Es curioso que su reclamo surja después de unas elecciones en donde el MPP cosechó un tercio de los votos del Frente Amplio. Lo que Marenales sugiere es que su grupo político presentó un programa ambiguo, sin definiciones concretas. Lo normal hubiera sido que esta exigencia se planteara antes para que los votantes supieran lo que votaban. Para Marenales el MPP debe representar a "los pobres" y a "todos los que viven de su trabajo", no así a la clase media. Según él, "para representar a la clase media me voy al partido Socialista". Aparte de ese veneno dirigido por Marenales a los socialistas, tal parece que el jefe tupamaro cree que la clase media no vive de su trabajo.

El País Digital

HONDURAS-Zelaya, sin ser candidato, el gran perdedor de las elecciones del 29/11/09-

Escrito por rigofa2010 02-12-2009 en General. Comentarios (0)
Zelaya, sin ser candidato, el gran perdedor de las elecciones del 29/11/09
Juan Ramón Martínez
En los deportes se ha venido diciendo que lo importante no es ganar, sino que competir. Una suerte de cristiana justificación para los fracasos que son producto, fundamentalmente, de la superioridad de los demás contendores. Por lo que, al final de cuentas, no es cierto que sólo haya que participar en las justas deportivas sin la voluntad de ganar. Quien participa, tiene la obligación de buscar el éxito, por medio de la metódica preparación y por el ejercicio máximo de sus potencialidades y voluntad de ser superior a sus contendientes.

En política, la finalidad es, igualmente, la de ganar, por medio de la conquista de la voluntad de las mayorías. De forma que, al margen de la voluntad y el esfuerzo de los contendientes, quien determina el resultado final, a fin de cuentas, está en manos de la soberanía popular. De allí que en términos objetivos, lo propio de la vida democrática es perder las elecciones, vencidos por la opción mayoritaria de la ciudadanía a favor de los adversarios del o los candidatos perdedores.

Zelaya, sin ser candidato --- y esto tiene mucho que ver con sus irracionales obstinaciones, por participar en un proceso que no era suyo; y en el cual, innecesariamente corrió riesgos que ningún expresidente serio y racional debió asumir nunca jamás – es el gran perdedor de las elecciones del domingo 29 de noviembre recién pasadas. Invitó al abstencionismo como forma de protesta y respaldo a sus pretensiones impolíticas e ilegales; y el pueblo le dio le espalda, concurriendo masivamente, incluso en forma superior al proceso del 2005 en donde él mismo fuera candidato ganador, en forma ajustada de las elecciones celebradas en aquel año.
Descalificó el proceso electoral, al que acusó de ilegal basado en la peregrina justificación que sólo estando en la titularidad del ejecutivo, se legitimaban las elecciones. Una rápida revisión de su comportamiento, mientras estuvo en el ejercicio de la titularidad del ejecutivo, confirma – hasta para el menos informado de los hondureños – que el mayor enemigo de las elecciones fue el propio Zelaya.

Manipuló las internas del Partido Liberal, echó a pelear a los candidatos, exageró los conflictos entre diferentes sectores de la sociedad para crear un clima de inestabilidad, amenazó con un golpe de Estado en la madrugada del 25 de enero del 2009, postergó caprichosamente las elecciones internas del Partido Liberal, pretendió boicotear la Convención de su partido en la que se proclamara a Santos Ordóñez como el candidato de los liberales, promovió en forma irregular un proceso electoral paralelo al animar el proyecto de la “cuarta urna”; y le negó al Tribunal Supremo Electoral el apoyo y los recursos económicos que le correspondían de conformidad a la ley. Con estos antecedentes espurios e incluso criminales, se lanzó a la palestra pública; y cuando se auto asiló en una embajada extranjera en Tegucigalpa, dedicó todo su tiempo a desprestigiar al sistema electoral, a menospreciar a los políticos, a descalificar al sistema democrático y a ofender la soberanía popular.

El pueblo en el ejercicio de su soberanía, castigó a Zelaya. Salió masivamente a votar, respaldó al candidato de la oposición, castigando las faltas, los errores y las maldades de su régimen irregular. Y votó en contra del Partido Liberal – no en contra de su candidato – para castigar una administración errática, irresponsable y corrupta. En fin, el pueblo le dio la espalda a la prédica en contra de la democracia y antes que someterse a la superioridad de los gobernantes que respaldan a Zelaya, rescató para si el orgullo debido y la superioridad de su dignidad.

Castigado como ha sido por el pueblo, rechazado por la comunidad internacional más seria; y convertido en objeto de mofa por la más seria prensa del mundo, Zelaya se ha transformado en el gran perdedor de las elecciones. Incluso lo que parece que es un triunfo suyo en todas las líneas del juego, la derrota de su Partido Liberal, implica un pago altísimo. Porque cargará sobre sus espaldas, el peso de un “muerto”, la injusta conducta en contra de un pueblo que creyó en él; pero que le dio la espalda en las primeras de cambio. Zelaya es el perdedor.
Recibió lo que se merecía. Sirviendo de ejemplo para que los políticos no quieran jugar a ser más listos que el pueblo; ni a creer que se pueden poner al servicio de la comunidad internacional, conspirando en contra de la soberanía nacional y comprometiendo los sagrados intereses de Honduras.
Fuente: Tomado del El Tiempo, de Honduras